Diego El Cigala: 15 años de Lágrimas

Viernes 14 de diciembre - 21:00H

Sala Mozart - Auditorio de Zaragoza

Lágrimas Negras, 15 años Bebo & Cigala

Hace quince años que apareció aquel disco “Lágrimas Negras” que desde el primer instante supimos que era un clásico. En la música popular ocurren estas cosas. Pérez Prado gritó: “Maaambo”; Bill Halley: “Rock around the clock”, Ismael Rivera “Ecuajey”, los Beatles “Love me do”, los Ramones “Gabba gabba hey”…

Con Bebo y el Cigala nadie gritó nada.

Se impuso el silencio y el compás suave. Unos músicos en estado de gracia, un repertorio inmarcesible (que no se marchita) y la tremenda combinación entre la voz de Diego y la sabiduría de Bebo.

Hace mucho que los productores intentan resumir el algoritmo, la receta del éxito, para que una máquina nos diga el secreto y la fórmula y toma las decisiones y se vuelven locos enredados en melodías perfectas y sonidos impecables y aburridos. El cineasta Fernando Trueba fue el impulsor de la grabación.

Una mañana Bebo Valdés me enseñó su muñeca y mostró una cinta mientras proclamaba orgullosamente: “Me han hecho pirata del flamenco”. Bebo venía de Suecia y parecía un Yeti recién descongelado dispuesto a retomar una de las biografías más brillantes de la edad de oro de la música cubana. Fue el jefe de Benny Moré en los excitantes noches del cabaret Tropicana, sus arreglos eran eternos, eran los más cotizados entonces y siguen sonando bien ahora. Dejó la Habana y se embarcó con los jacarandosos Cuban Boys que enseñaron a bailar la conga en los cinco continentes. Bebo encontró el amor y el corazón mandó parar.

Si Bebo llegaba de la tierra de los vikingos, El Cigala viene de Cascorro, el centro vital de El Rastro de Madrid donde te pueden vender una tecla del piano de Lecuona y una copa de coñac que se bebió Agustín Lara. A Diego le costó lo suyo encontrarse la voz, la estuvo buscando por el lado salvaje y casi le cuesta la vida.

Así que antes de encajar con Bebo y recién estrenado el siglo XXI El Cigala vivió cien noches de bolero y guaguancó con los piratas comandados por Jerry González en un par de clubes de jazz de Madrid donde el escenario estaba tomado por flamencos y latinos sudando juntos delante de estrellas del rock como Andrés Calamaro que acabó compartiendo músicos con Cigala y con Paco de Lucía.

Los que vivimos esas noches sabemos que no hay ninguna máquina del éxito, no hay ni brebajes mágicos, ni fábricas de duendes. No hay nada más que el camino de la vida salpicado por “Lágrimas negras”.

José Manuel Gómez Gufi
Planeta Jondo/Tribulaciones de un DJ flamenco

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